20. ¿Cómo se vive, del software libre?

"Hoy el software libre está presente en todos nuestros dispositivos, y sobre todo en la red."
"Poner el código libre a disposición de toda la humanidad en maximiza el potencial de reutilización."
"En una solución basada en código abierto el 99,5% del código lo ha escrito alguien más. Nosotros escribimos el 0,5% restante."

Esto del software libre, ¿se trata de una cuestión puramente tecnológica? ¿Se puede hacer negocio? ¿Cómo es posible, si es gratis? ¿No es todo un poco naíf, poco profesional? ¿Quién garantiza la calidad?

En geomati.co somos un grupo de autónomos que nos ganamos la vida con el software libre desde hace unos cuantos años. Y estamos bastante contentos. ¿Cómo lo hacemos? Veámoslo.

Seamos conscientes o no, hoy en día el software libre está presente en todos nuestros dispositivos, y sobre todo en la red. Esta normalización en el uso que se hace ha ayudado a desmitificar la imagen del software libre como una especie de regalo que nos hacían un grupo de informáticos noctámbulos y sociópatas, movidos por unos ideales incompresibles.

Una empresa –o Administración, en este caso- pedirá a una herramienta de software que le resuelva un problema. El hecho de poder ver cómo está hecha la herramienta por dentro, poder modificarla uno mismo o instalarla tantas veces como sea necesario, pueden ser ventajas determinantes en algunos casos. Y por el contrario, pagar licencias por un software que no se ajusta exactamente a lo que se necesita, sobre el que no se puede incidir y no podemos desplegar fácilmente, puede hacerlo poco eficaz. Por tanto, sí, el software libre, por sus características intrínsecas, puede mejorar un negocio. Cuando grandes empresas como Google lo utilizan y contribuyen es porque han hecho cálculos.

De hecho, el software por sí mismo no tiene ningún valor, por muy bien hecho que esté. La herramienta más elegante será la más inútil si no la conoce ni la utiliza alguien. En cambio, cuantos más usos se le puedan dar, más jugo se le sacará, y más se amortizará el coste de desarrollarla. Poner el código a libre disposición de toda la humanidad maximiza el potencial de reutilización. En la medida en que los actores que tienen interés trabajan de forma coordinada (construyendo la famosa comunidad), esta reutilización será más efectiva. Mediante la colaboración se multiplica el beneficio y se divide el coste. El hecho que haya gente que utilice el software, aunque no aporte nada a cambio, no es negativo: no incrementa el coste, y aumenta el valor (más gente usándolo, que potencialmente querrá hacer mejoras e impedir que se abandone).

Así es como los clientes llegan a nosotros1: frustrados porque hace años que pagan licencias por productos comerciales que prometen hacer un millón de cosas, pero que nunca acaban resolviendo aquello que necesitan. O frustrados porque se han hartado de trabajar en un desarrollo propio, pero que a medida que crece se convierte en un monstruo insostenible. O todavía peor, frustrados porque han encargado el desarrollo a una gran empresa consultora, y tienen un monstruo todavía más caro, menos ajustado a sus necesidades, y que nadie es capaz de entender. En un momento dado, descubren que existe una solución más ligera, que parece ajustarse bien a su problema. Podrían acabar de adaptarla a su entorno por una fracción de lo que supondría crearla de cero. Es una herramienta de software libre, con un grupo activo de personas alrededor que la mantiene (de hecho, para no ser naíf, siempre debe preguntarse quién sustenta el proyecto y cómo).

Lo que hacemos entonces es ofrecer una solución en la que el 99,5% del código lo ha escrito otro. Nosotros escribimos el 0,5% restante y, si vemos que puede ser útil a alguien más, la liberamos, procurando que sea de la máxima calidad. Todo el mundo podrá comprobar nuestras capacidades, que deberemos mantener bien entrenadas en un entorno altamente meritocrático donde los conocimientos se comparten generosamente pero donde no se tolera bien la falta de actitud.

Finalmente, como dice un viejo amigo, “si compartimos, ganamos todos”. ¡También dinero! Pero no menos importante: ganamos la satisfacción de un trabajo honesto, bien hecho entre todos y al servicio de todos. Al fin y al cabo, tal vez sí que resulta ser una cuestión de valores. Los mismos que conducen la administración pública y que ésta debería considerar siempre y por encima de todos, el bien común, ¿no?

 

1 Historias basadas en hechos reales.

 

Oscar Fonts

Oscar Fonts hace una década que se gana la vida usando, desarrollando e integrando soluciones de software libre geoespacial. Se mantiene activo en diversas comunidades, grupos y facciones en defensa de la libertad y el libertinaje de datos geográficos y código afín. Geoinquieto de base, y miembro de profesiones geomati.co