4. ¿Qué pasa cuando el conocimiento es abierto, de libre acceso y producido mediante la colaboración?

"Las redes telemáticas son una plataforma excepcional para acceder al conocimiento, y para producirlo con la colaboración entre usuarios."
"El software libre aporta una riqueza más distribuida en el territorio donde impacta."
"El software libre acelera la innovación y genera bienes comunes de dominio público."

La generalización del uso de Internet ha permitido que el conocimiento sea accesible a todo el mundo y, por tanto, que podamos contemplar este conocimiento como un bien común, inmaterial y de acceso universal.

Las redes telemáticas no sólo se han convertido en una plataforma excepcional para acceder al conocimiento, también nos han permitido producirlo mediante la colaboración entre usuarios. Una forma de producir riqueza, que tiene una lógica comunitaria, y está motivada por intereses y necesidades concretas que se encuentran en la red para producir bienes que se orienten a intereses comunes.

De esta forma, la sociedad de la información, a pesar de haber soportado algunas burbujas, permite nuevas formas de relaciones económicas donde el elemento fundamental es el conocimiento comunal caracterizado por ser de libre acceso, libre copia y que se produce de forma distribuida. Identificamos estas nuevas formas de economía con el nombre de producción P2P (producción entre iguales), y es responsable de proyectos como Linux y el sistema operativo GNU, el navegador de Internet Firefox, Wordpress y, en cierta medida, Wikipedia.

Este conjunto de prácticas no quedan reflejadas directamente en las estadísticas económicas pero producen un impacto en forma de valor de uso dentro de las comunidades.

Pero sobre la mesa no está únicamente la capacidad de incluir y empoderar a la ciudadanía mediante la producción distribuida de lógica comunitaria. Esta generación de bienes comunal nos ofrece una oportunidad de introducir economías directas; unas economías capaces de salir a un mercado en continua innovación, caracterizadas por la no intermediación, por ser de pequeña escala, y que en el momento que plantean la devolución del conocimiento crean nuevos bienes comunales. Estas economías aportan valor a los mercados partiendo de una inversión marginal, a diferencia de las economías de escala, que se manifiestan cada vez más ineficientes, más dependientes del bloqueo del conocimiento vía patentes, y que resultan poco sostenibles – como podemos observar ante su incapacidad de crear puestos de trabajo de calidad.

De esta forma estamos ante un modelo que no es únicamente más justo ética y socialmente, sino que es más eficiente y robusto en el momento de ofrecer soluciones a los problemas que actualmente afectan a las ciudades: permite la relocalización de sectores productivos con la creación de puestos de trabajo, una gobernanza situada en el sistema productivo de los bienes producidos, y en definitiva, una democratización de las relaciones económicas y de las condiciones de vida de sus participantes.

El uso de software libre permite ofrecer soluciones competitivas al mercado, gracias a que se permite el libre acceso al conocimiento en forma de software y de documentación. Este bien común se podrá utilizar para adaptarlo a las necesidades concretas de cada cliente, y como contrapartida impuesta por las licencias libres de los productos que utiliza, estas adaptaciones se retornarán a la comunidad de partida. Es un trato que beneficia a todas las partes: las empresas basadas en software libre tienen acceso a coste muy reducido a un conjunto de conocimiento tecnológico que les permite ser competitivas, y la comunidad de usuarios se alimenta de las modificaciones y mejoras que estas empresas producen (se puede ver un ejemplo a gran escala en la contribución que IBM hace a Linux).

De este círculo virtuoso se deriva una consecuencia: las pequeñas empresas que se basen en el uso de software libre solo serán viables si son capaces de innovar constantemente, una exigencia de innovación que acelera la cantidad y la calidad de las aportaciones al bien comunal y que empodera a las comunidades que forman parte. Por tanto, la orientación al común va más allá de una dimensión ética y de democratización de la economía y de sus instituciones: actúa como un potente vector para estimular la innovación desde una escala laboral, y los beneficios de todo esto son recogidos de nuevo por la comunidad, es decir por todos nosotros.

Dado este contexto, sería de interés general que la Administración priorizase entrar en este ecosistema ya que aporta una riqueza más distribuida en el territorio donde impacta –se reducen las escalas a la vez que se aumenta el abastecimiento-, favorece la colaboración y la competencia –se disipan las rentas y los monopolios que causan artefactos como la propiedad intelectual–, se acelera la innovación y se generan bienes comunes de dominio público– en contraposición con el modelo restrictivo de propiedad por patente. Pero para entrar, la Administración debe confiar en la capacidad de los “administrados” para gestionar sus tecnologías y conocimientos, desintermediando servicios y dando un paso al lado para contemplar cómo las comunidades pueden ocuparse ellas mismas de sus problemas. De hecho, lo harán igualmente.

Aleix Quintana Alsius

communia.org

Communia es una asesoría tecnológica y P2P que ofrece servicios de desarrollo web, streaming, formación, sistemas y estrategias P2P.
En Communia creemos que el conocimiento debe ser libre, abierto, horizontal y accesible a todos.
Communia es también una plataforma formativa para fomentar la autonomía tecnológica de toda la ciudadanía y el acceso a las principales comunidades de usuarios de la red en el entorno al software libre.
Desde Communia promovemos la formación y autoformación en tecnologías libres, la dotación de infraestructuras, el diseño de dispositivos web para facilitar las actividades en red de las diferentes comunidades y la investigación en prácticas P2P, que vinculen las herramientas con la construcción de procesos de cooperación social.
Communia es una laboratorio de experimentación entorno a la empresa del procomún, y pretende ser un futuro para nuestras vidas
+ info: http://planet.communia.org/content/communia-com-estratègia-p2p

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by XARXAIP

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La generalización del uso de Internet ha permitido que el conocimiento sea accesible a todo el mundo y, por tanto, que podamos contemplar este conocimiento como un bien común, inmaterial y de acceso universal.

Las redes telemáticas no sólo se han convertido en una plataforma excepcional para acceder al conocimiento, también nos han permitido producirlo mediante la colaboración entre usuarios. Una forma de producir riqueza, que tiene una lógica comunitaria, y está motivada por intereses y necesidades concretas que se encuentran en la red para producir bienes que se orienten a intereses comunes.

De esta forma, la sociedad de la información, a pesar de haber soportado algunas burbujas, permite nuevas formas de relaciones económicas donde el elemento fundamental es el conocimiento comunal caracterizado por ser de libre acceso, libre copia y que se produce de forma distribuida. Identificamos estas nuevas formas de economía con el nombre de producción P2P (producción entre iguales), y es responsable de proyectos como Linux y el sistema operativo GNU, el navegador de Internet Firefox, Wordpress y, en cierta medida, Wikipedia.

Este conjunto de prácticas no quedan reflejadas directamente en las estadísticas económicas pero producen un impacto en forma de valor de uso dentro de las comunidades.

Pero sobre la mesa no está únicamente la capacidad de incluir y empoderar a la ciudadanía mediante la producción distribuida de lógica comunitaria. Esta generación de bienes comunal nos ofrece una oportunidad de introducir economías directas; unas economías capaces de salir a un mercado en continua innovación, caracterizadas por la no intermediación, por ser de pequeña escala, y que en el momento que plantean la devolución del conocimiento crean nuevos bienes comunales. Estas economías aportan valor a los mercados partiendo de una inversión marginal, a diferencia de las economías de escala, que se manifiestan cada vez más ineficientes, más dependientes del bloqueo del conocimiento vía patentes, y que resultan poco sostenibles – como podemos observar ante su incapacidad de crear puestos de trabajo de calidad.

De esta forma estamos ante un modelo que no es únicamente más justo ética y socialmente, sino que es más eficiente y robusto en el momento de ofrecer soluciones a los problemas que actualmente afectan a las ciudades: permite la relocalización de sectores productivos con la creación de puestos de trabajo, una gobernanza situada en el sistema productivo de los bienes producidos, y en definitiva, una democratización de las relaciones económicas y de las condiciones de vida de sus participantes.

El uso de software libre permite ofrecer soluciones competitivas al mercado, gracias a que se permite el libre acceso al conocimiento en forma de software y de documentación. Este bien común se podrá utilizar para adaptarlo a las necesidades concretas de cada cliente, y como contrapartida impuesta por las licencias libres de los productos que utiliza, estas adaptaciones se retornarán a la comunidad de partida. Es un trato que beneficia a todas las partes: las empresas basadas en software libre tienen acceso a coste muy reducido a un conjunto de conocimiento tecnológico que les permite ser competitivas, y la comunidad de usuarios se alimenta de las modificaciones y mejoras que estas empresas producen (se puede ver un ejemplo a gran escala en la contribución que IBM hace a Linux).

De este círculo virtuoso se deriva una consecuencia: las pequeñas empresas que se basen en el uso de software libre solo serán viables si son capaces de innovar constantemente, una exigencia de innovación que acelera la cantidad y la calidad de las aportaciones al bien comunal y que empodera a las comunidades que forman parte. Por tanto, la orientación al común va más allá de una dimensión ética y de democratización de la economía y de sus instituciones: actúa como un potente vector para estimular la innovación desde una escala laboral, y los beneficios de todo esto son recogidos de nuevo por la comunidad, es decir por todos nosotros.

Dado este contexto, sería de interés general que la Administración priorizase entrar en este ecosistema ya que aporta una riqueza más distribuida en el territorio donde impacta –se reducen las escalas a la vez que se aumenta el abastecimiento-, favorece la colaboración y la competencia –se disipan las rentas y los monopolios que causan artefactos como la propiedad intelectual–, se acelera la innovación y se generan bienes comunes de dominio público– en contraposición con el modelo restrictivo de propiedad por patente. Pero para entrar, la Administración debe confiar en la capacidad de los “administrados” para gestionar sus tecnologías y conocimientos, desintermediando servicios y dando un paso al lado para contemplar cómo las comunidades pueden ocuparse ellas mismas de sus problemas. De hecho, lo harán igualmente.

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Desde Communia promovemos la formación y autoformación en tecnologías libres, la dotación de infraestructuras, el diseño de dispositivos web para facilitar las actividades en red de las diferentes comunidades y la investigación en prácticas P2P, que vinculen las herramientas con la construcción de procesos de cooperación social.
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@XARXAIP

es un grupo de profesionales de las diferentes administraciones públicas catalanas que trabajan para compartir proyectos y buenas prácticas, conocimientos, noticias y aprender juntos y, al mismo tiempo, mejorar e idear nuevos servicios con otros actores públicos (ciudadanos, proveedores…). Entre sus proyectos más emblemáticos hay el video de “Gobierno Abierto” y la publicación digital “42 voces sobre el gobierno abierto”.

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De esta forma, la sociedad de la información, a pesar de haber soportado algunas burbujas, permite nuevas formas de relaciones económicas donde el elemento fundamental es el conocimiento comunal caracterizado por ser de libre acceso, libre copia y que se produce de forma distribuida. Identificamos estas nuevas formas de economía con el nombre de producción P2P (producción entre iguales), y es responsable de proyectos como Linux y el sistema operativo GNU, el navegador de Internet Firefox, Wordpress y, en cierta medida, Wikipedia.

Este conjunto de prácticas no quedan reflejadas directamente en las estadísticas económicas pero producen un impacto en forma de valor de uso dentro de las comunidades.

Pero sobre la mesa no está únicamente la capacidad de incluir y empoderar a la ciudadanía mediante la producción distribuida de lógica comunitaria. Esta generación de bienes comunal nos ofrece una oportunidad de introducir economías directas; unas economías capaces de salir a un mercado en continua innovación, caracterizadas por la no intermediación, por ser de pequeña escala, y que en el momento que plantean la devolución del conocimiento crean nuevos bienes comunales. Estas economías aportan valor a los mercados partiendo de una inversión marginal, a diferencia de las economías de escala, que se manifiestan cada vez más ineficientes, más dependientes del bloqueo del conocimiento vía patentes, y que resultan poco sostenibles – como podemos observar ante su incapacidad de crear puestos de trabajo de calidad.

De esta forma estamos ante un modelo que no es únicamente más justo ética y socialmente, sino que es más eficiente y robusto en el momento de ofrecer soluciones a los problemas que actualmente afectan a las ciudades: permite la relocalización de sectores productivos con la creación de puestos de trabajo, una gobernanza situada en el sistema productivo de los bienes producidos, y en definitiva, una democratización de las relaciones económicas y de las condiciones de vida de sus participantes.

El uso de software libre permite ofrecer soluciones competitivas al mercado, gracias a que se permite el libre acceso al conocimiento en forma de software y de documentación. Este bien común se podrá utilizar para adaptarlo a las necesidades concretas de cada cliente, y como contrapartida impuesta por las licencias libres de los productos que utiliza, estas adaptaciones se retornarán a la comunidad de partida. Es un trato que beneficia a todas las partes: las empresas basadas en software libre tienen acceso a coste muy reducido a un conjunto de conocimiento tecnológico que les permite ser competitivas, y la comunidad de usuarios se alimenta de las modificaciones y mejoras que estas empresas producen (se puede ver un ejemplo a gran escala en la contribución que IBM hace a Linux).

De este círculo virtuoso se deriva una consecuencia: las pequeñas empresas que se basen en el uso de software libre solo serán viables si son capaces de innovar constantemente, una exigencia de innovación que acelera la cantidad y la calidad de las aportaciones al bien comunal y que empodera a las comunidades que forman parte. Por tanto, la orientación al común va más allá de una dimensión ética y de democratización de la economía y de sus instituciones: actúa como un potente vector para estimular la innovación desde una escala laboral, y los beneficios de todo esto son recogidos de nuevo por la comunidad, es decir por todos nosotros.

Dado este contexto, sería de interés general que la Administración priorizase entrar en este ecosistema ya que aporta una riqueza más distribuida en el territorio donde impacta –se reducen las escalas a la vez que se aumenta el abastecimiento-, favorece la colaboración y la competencia –se disipan las rentas y los monopolios que causan artefactos como la propiedad intelectual–, se acelera la innovación y se generan bienes comunes de dominio público– en contraposición con el modelo restrictivo de propiedad por patente. Pero para entrar, la Administración debe confiar en la capacidad de los “administrados” para gestionar sus tecnologías y conocimientos, desintermediando servicios y dando un paso al lado para contemplar cómo las comunidades pueden ocuparse ellas mismas de sus problemas. De hecho, lo harán igualmente.

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Desde Communia promovemos la formación y autoformación en tecnologías libres, la dotación de infraestructuras, el diseño de dispositivos web para facilitar las actividades en red de las diferentes comunidades y la investigación en prácticas P2P, que vinculen las herramientas con la construcción de procesos de cooperación social.
Communia es una laboratorio de experimentación entorno a la empresa del procomún, y pretende ser un futuro para nuestras vidas
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