1. Las nuevas infraestructuras de la democracia

"Las instituciones, en beneficio de los ciudadanos y en el suyo propio, harán bien de invertir en las nuevas infraestructuras de la democracia: el software libre y los datos abiertos."

La revolución digital ha puesto en nuestras manos una nueva caja de herramientas para la gestión de la información y las comunicaciones. Esta nueva caja de herramientas, no obstante, tiene un potencial tan extraordinario que hoy en día ya está transformando —y no sólo reformando— muchísimas de las tareas y actividades que las personas hacemos, especialmente las que suponen la interacción de diversos actores, como la toma de decisiones colaborativas.

Este enorme potencial transformador viene de dos características de estas nuevas herramientas. Por una parte, hacen que aquello con lo que trabajamos para la toma de decisiones tenga un coste mucho menor que sin estas herramientas. Así, el acceso a la información y la posibilidad de generar debate en su entorno se han vuelto dramáticamente menos costoso que cuando teníamos que coincidir en el tiempo y en el espacio, así como distribuir información en soportes físicos, como el papel. Por otra parte, porque las herramientas mismas tienen un coste también drásticamente inferior a sus contrapartes del mundo analógico: toda la información física necesaria para informarse, tomar decisiones y evaluarlas está ahora al alcance de cualquier persona gracias a la virtualización.

Podemos afirmar, sin exagerar demasiado, que se han democratizado las herramientas de la democracia. La diagnosis de las necesidades de una comunidad puede ser hoy mucho más plural a través de las pequeñas pero numerosas contribuciones personales de sus miembros, más allá de las que puedan hacer sus portavoces o representantes. La identificación y ponderación de las posibles alternativas para cubrir una necesidad puede ser hoy mucho más rica a través de la concurrencia en la deliberación de más actores, mejor informados y con sus razones más bien fundamentadas. La evaluación final del impacto, eficacia y eficiencia de las decisiones tomadas puede ser hoy mucho más transparente y cuidadosa gracias a la facilidad para publicar tanto los protocolos seguidos como los datos de los indicadores para hacer las diferentes versiones.

Esta nueva caja de herramientas sigue necesitando la facilitación de las instituciones. Más que nunca:

  • Las instituciones deben aportar el contexto que nos permita comprender mejor las necesidades y soluciones en relación con los diferentes actores implicados, y en consecuencia, a escoger mejor las herramientas que se han de utilizar para la toma de decisiones.
  • Las instituciones deben facilitar la creación de espacios de deliberación, tanto físicos como virtuales —o mejor, todavía, híbridos— que permitan una deliberación informada y de consenso.
  • Las instituciones deben contribuir a fomentar la toma de decisiones colectivas, allá donde sea más adecuado que pasen —de forma centralizada o distribuida—, en los mejores espacios y con el contexto adecuado. Y deben hacerlo aportando los recursos necesarios y que, a menudo, sólo están a su alcance: datos e información, conocimiento y capital humano, infraestructuras, recursos materiales y financieros.

De entre todas las herramientas de esta nueva caja, debemos destacar especialmente el software libre y los datos abiertos, ya que ambos facilitan tres conceptos capitales en una toma de decisiones, que cada vez será más globalizada e interdependiente.

  • En primer lugar, favorecen la escalabilidad. Permiten adaptar la medida de las herramientas a la medida del proyecto y añadir los recursos poco a poco, sin sufrir ninguna limitación en el crecimiento.
  • En segundo lugar, favorecen la replicabilidad. Permiten repetir las experiencias de éxito en otro sitio, aprovechando los conocimientos e infraestructuras de manera que se optimicen las inversiones.
  • Por último, favorecen la interoperabilidad. Permiten aplicar los recursos y los actores allá donde hacen falta, sin tener que duplicarlos, trabajando horizontalmente y de forma distribuida pero para una misma finalidad global.

Las cajas de herramientas, no obstante, no aparecen de la nada. Que haya, que circulen o que sean accesibles y fácilmente reutilizables será uno de los papeles fundamentales —como lo han sido desde que tenemos democracias modernas— de las instituciones. Así, las instituciones han contribuido a la creación y el mantenimiento de todo un ecosistema de infraestructuras para la democracia compuesto por gobiernos, administraciones, parlamentos, partidos políticos, sindicatos o asociaciones. De la misma manera, las instituciones, en beneficio de los ciudadanos y en el suyo propio, harán bien en invertir en las nuevas infraestructuras de la democracia: el software libre y los datos abiertos. Una nueva caja de herramientas para una nueva democracia. Un nuevo ecosistema que, más allá del cumplimiento de las leyes, ha de comportar una nueva manera de hacer ajustada al nuevo paradigma de la sociedad de la información: el gobierno abierto.

Ismael Peña Lopez

Es profesor de Políticas Públicas para el Desarrollo en los estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Trabaja sobre el impacto de las tecnologías de la información y la ­comunicación (TIC) en el desarrollo. Es doctor en Sociedad de la Información y del Conocimiento, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales (Economía), máster en Ecoauditorias y Planificación Empresarial de Medio Ambiente y postgrado en Gestión del Conocimiento.